Imposturas Intelectuales (o como un científico ‘trolleo’ a los académicos posmodernos)

sokalEn 1996 el Doctor en física y profesor de la New York University, Alan Sokal, perpetró una de las bromas más ingeniosas y punzantes en la historia académica. Sokal redactó una parodia de texto posmoderno titulada “Transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica“. Se trataba de un texto lleno de absurdos y sin sentidos, pero reforzado con lenguaje pretencioso y rebuscado, más una que otra cita de intelectuales célebres. El texto fue enviado al semanario estadounidense Social Text, una reputada revista de humanidades en la que participaban “intelectuales de talla” de aquel entonces.

Sin saber que se trataba de una broma —y teniendo en cuenta que era ni mas ni menos que un representante de las ciencias duras justificando y defendiendo el posmodernismo filosófico— Social Text aceptó con entusiasmo la parodia de Sokal, la que fue publicada en un número especial de la primavera del ‘96, ganándose alabanzas y excelentes críticas de los editores de la revista, docentes y estudiantes. Tres semanas después Sokal reveló la broma en otro artículo en la revista Lingua Franca.

De este bulo — y fruto de la colaboración con el físico belga Jean Bricmont nace un año mas tarde el libro Fashionable Nonsense: Postmodern Intellectuals’ Abuse of Science (Sinsentidos de moda: El abuso de la ciencia por parte de los intelectuales posmodernos) también conocido como Intellectual Impostures (Imposturas Intelectuales). El libro examina y desarrolla puntos como el del incompetente y pretencioso uso de conceptos científicos por un pequeño pero influyente grupo de filósofos e intelectuales de ramas no científicas o disciplinas que no lo son en sentido formal.

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Alan David Sokal | New York University

Sokal también dedica parte del libro a analizar el problema del relativismo cognitivo. Frases como no existen verdades absolutas, la realidad es relativa la ciencia no puede explicarlo todo, son comunes para nosotros en la actualidad y manifiestan los estragos del pensamiento débil tanto en las facultades de humanidades como en el inconsciente social posmoderno. Así Imposturas Intelectuales examina el absurdo del relativismo extremo en la cognición y desmiente la idea de que la ciencia moderna es comparable a nada más que un mito moderno, una “narración” o “construcción social”.

Lo interesante de este trabajo es que deja a entrever algunos puntos dignos de considerar. Primero, que los círculos intelectuales modernos están llenos de pomposos que hablan raro para fingir que piensan inteligentemente, algo que muchos ya sabían, pero antes de la broma de Sokal quizá no había un medio tangible para demostrarlo. Y segundo, que dentro de las corrientes intelectuales posmodernas abunda el analfabetismo científico. En la primera parte de Imposturas Intelectuales la crítica se enfoca especialmente en la escena epistemológica francesa nacida a principios del siglo XX, con exponentes como Jacques Lacan, Julia Kristeva, Paul Virilio, Gilles Deleuze, Félix Guattari, Luce Irigaray, Bruno Latour o Jean Baudrillard  a quienes se acusa de exhibir una erudición superficial utilizando términos científicos de manera incongruente.

En el 2003, a modo de réplica, un grupo de científicos sociales —especialistas en esos pensadores e intelectuales franceses ridiculizados por Bricmont y Sokal—  decidieron publicar un libro llamado Imposturas científicas, con el fin de aclarar los supuestos malentendidos cometidos por los físicos en su crítica, y de —según ellos— acabar con la guerra de las ciencias. Sin embargo el libro se enfoca mucho en los supuestos intereses políticos de Sokal —motivaciones que él mismo desmiente en Imposturas Intelectuales— y cuando empiezas calificando de dogmatismo el hecho de exigir rigor en la aplicación de la terminología científica y en las extrapolaciones que se hacen desde la ciencia exacta a las ciencias sociales, pierdes bastante credibilidad.

En fin, no se si exista una definición exacta para “posmodernismo”. El término en si se refiere a trascender la modernidad y se usa para designar un grupo de movimientos culturales, artísticos e intelectuales del siglo XX que comparten una cosmovisión que surge como reacción ante el modernismo. Dentro de esta cosmovisión se rechaza la tradición racionalista de la Ilustración y todo tipo de certidumbres y valores absolutos, se considera la verdad como cuestión de perspectiva y contexto en lugar de algo universal, y se observa la realidad como algo inaccesible. Nadie tiene la razón, todos la tienen a la vez, y todo es materia opinable.

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Para muchos —por su carácter descreído, inclusivo, pluralista, tolerante e indulgente— la idea del posmodernismo puede ser atractiva. Para otros son solo teorías incoherentes adornadas de palabrería pseudointelectual. Independiente de lo que creamos, el hecho es que por su naturaleza extremadamente relativista, el posmodernismo es profundamente anti-científico. Mientras que este niega todo tipo de acercamiento a la realidad y desprecia cualquier tipo de comprobación empírica, la ciencia la desentraña explorándola empíricamente. Mientras que el posmodernismo niega la existencia de verdades objetivas, la ciencia establece hechos y descubre principios universales. No cuesta trabajo notar que ambas son excluyentes.

La realidad es que la cosmovisión posmoderna obstaculiza el entendimiento sobre la ciencia de la población general, presenta mucha resistencia al desarrollo libre de las ciencias humanas y desmerece cualquier intento de mejorar la sociedad. En materia política también sería irresponsable aplicar estos ideales relativistas, poniendo el pensamiento desiderativo, la superstición y la demagogia por encima de la evidencia, la lógica y la argumentación. Y que decir de lo que ha hecho con el arte. Lamentablemente, por muy atractivos que nos parezcan ciertos elementos del posmodernismo —lejos de estimular el avance y desarrollo político, científico, social y cultura— solo justifica la mediocridad, la pseudociencia y el sedentarismo intelectual.

El posmodernismo, la onda antiiluminista más reciente, daña el cerebro: lo hace incapaz de pensar correctamente, e incluso de informar verazmente, sobre hecho alguno. Para colmo, desalienta el aprendizaje de cualquier producto de la ciencia o de la técnica. Por consiguiente, pone en desventaja a la persona en una sociedad en la que, como la actual, el conocimiento no es sólo una fuente de placer sino también la herramienta más formidable de los negocios y del Estado. —Mario Bunge

Si quieres echarle un vistazo al libro Imposturas Intelectuales, lo puedes descargar desde acá 

David Silva Valerio Autor: David Silva Valerio
Cientificista, acrofóbico, sicario de la CIA, adicto a los analgésicos y fan de Doraemon.
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7 comments

  1. Falacias. Falacias everywhere… No en serio. Describir no es conocer. La ciencia describe, y lo hace de modo impecable, pero es incapaz de otorgar significados a los descrito. La ciencia describe ciertos ámbitos de la realidad, pero en absoluto la realidad en sí. Pretender que lo hace roza el pensamiento religioso. Además, desde el desencanto producido por el teorema de Gödel y paradojas como la del barbero de Russel (antes de que se me diga que el teorema de Gödel es sólo aplicable a la aritmética, diré que no, que es extensible a prácticamente cualquier sistema de cálculo, porque muchos físicos sabéis mucho de física, pero poco o nada de metamatemática), ¿cómo va a quedar fe en la ciencia como motor de progreso? ¿acaso no ha sido la misma idea de “progreso”, en el sentido ilustrado del término, puesta en entredicho por los atroces acontecimientos que tuvieron lugar a durante el siglo XX, propiciados, entre otros factores, por los avances técnicos y científicos? La guerra es el principal motor de la ciencia, y ésto es un hecho bastante objetivo a nivel histórico. Por otro lado, aquí aparece la falacia de falsa dicotomía entre ciencias y letras (o “humanidades”). Verdad es que ciertos filósofos utilizan el lenguaje científico de manera fraudulenta y sin rigor, pero no todos, desde luego, y meter a todos los filósofos posmodernos en el mismo saco no es demasiado riguroso que se diga. Y antes de ser atacado por fanáticos cientificistas, diré que mi rama predilecta de la filosofía es la analítica, la cual, no sé por qué, ni siquiera aparece mencionada en el post. Quizá porque es la rama menos accesible y más compleja, incluso para “mentes científicas” como la del señor Sokal o la del autor del post, en las cuales es posible percibir cierta hipertrofia, y ciertas carencias también. Carencias en el campo de la epistemología y la lingüística, positivismo carente de base y justificación (a Gödel me remito de nuevo), y carencias en el campo de la filosofía de la ciencia (Karl Popper se reiría de una afirmación como “Mientras que este niega todo tipo de acercamiento a la realidad y desprecia cualquier tipo de comprobación empírica, la ciencia la desentraña explorándola empíricamente. Mientras que el posmodernismo niega la existencia de verdades objetivas, la ciencia establece hechos y descubre principios universales.” ¿De verdad la ciencia “desentraña” la realidad? ¿Qué demonios es lo real? porque da la sensación de que, para el señor Silva Valerio, lo real es sólo aquello susceptible de ser traducido a términos científicos, sin tener en cuenta que las mismas bases del lenguaje científico (matemática y lógica), han sido devastadas por sus propias contradicciones internas a lo largo del siglo XX, propiciando por un lado un auge en su desarrollo, pero, por otra parte, aniquilando toda la fe que existía en su propia consistencia interna (que era mucha) y en su capacidad como instrumento de conocimiento objetivo. Con ésto no trato de justificar las “imposturas intelectuales” a las que alude el post, sino mostrar que, mientras unos pecan de una cosa (subjetividad absoluta) aquí el autor peca de la contraria (absolutismo subjetivo), y ambos pecados revisten la misma gravedad. Ésto es así, lo siento. De nuevo, a Gödel me remito.

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    1. El barbero de Rusell y quizas el barbero de Sevilla o, porque no?, el barberillo del lavapies.
      Esa mania de extrapolar el teorema grande de Godel a cualquier parte, pretendiendo relativizar cualquier cosa!
      Dejese de sonceras don Arturo.

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    2. yo te voy a explicar lo que es lo real te paras en una via del tren y lo esperas, no te corres de la via, el tren te mata, el tren era real. De paso nos evitamos leer estupideces relativistas

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  2. Muy buen articulo, muchas gracias.
    El bonus añadido de ver un comentario como el de “Arturo” nos muestra muy bien lo que es el postmodernismo con un ejemplo “in vivo”.

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