Antropomorfismo animal: pensamiento mágico del que pocos escapan

3a1En su libro ‘Interpretar a los animales’ la dra. Temple Grandin nos cuenta la accidentada anécdota de un hombre y su cachorro león. Por algún motivo esta persona tuvo que enviar al animal en un avión y para que se sintiera más cómodo le puso un almohadón en la jaula. El caso es que durante el viaje el cachorro se comió el almohadón y murió. “El truco era pensar como león, no como humano”, concluye la doctora.

Los humanos medimos todo con la misma vara y asumimos que los animales piensan, sienten y se comportan como nosotros. Esto se conoce como antropomorfismo, que significa “dar forma humana” o “atribuir características humanas a algo”, en este caso a los animales. Existen registros de este fenómeno que datan del Paleolítico superior (hace unos 40 mil años) y muchos autores consideran que se debe a nuestra obsesión por comprender el pensamiento y comportamiento animal.

Por inofensivo que parezca, el antropomorfismo es en esencia una trampa cognitiva, es decir, un sesgo que desvía el análisis de lo que percibimos y nos aleja de las explicaciones correctas. El filósofo Elliott Sober lo define como “el error de atribuir características mentales humanas a organismos no humanos”[1]. James A. Serpell, médico veterinario, añade que es usual que se adjudiquen “pensamientos, sentimientos, motivaciones y creencias”[2] a los animales irracionales. La historiadora de la ciencia, Lorraine Daston, plantea que “‘antropomorfismo’ es la palabra que se utiliza para describir la creencia de que los animales son esencialmente como los humanos”.[3]

A diferencia de otras formas de pensamiento mágico, y pese a ser un sesgo totalmente anti-científico, el antropomorfismo suele pasar inadvertido incluso entre escépticos, académicos e investigadores, motivo por el cual es apropiado hacer un análisis crítico al respecto. En esta entrada examinaremos desde sus expresiones más comunes hasta las más difíciles de identificar. Abordaremos el debate entre los académicos por el uso del antropomorfismo como herramienta de divulgación. Derribaremos algunos extendidos mitos científicos sobre la inteligencia y conciencia de los animales. Veremos como la pseudociencia y la “psicología popular” entorpecen la investigación en las ciencias naturales y nos aproximaremos a una concepción mucho más científica y menos humanizada de la cognición y el comportamiento animal.

1.- LA OBSESIÓN CON LOS ANIMALES

“Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”
dijo el poeta Lord Byron, frase que aplica bastante bien a una sociedad occidental moderna dónde, para muchos, los animales personifican los valores que el humano parece haber perdido. Algunos explican este auge del “animalismo”, como reflejo de una sensación de soledad generalizada, la desvaloralización de lo humano y una perspectiva idealizada y distorsionada de la naturaleza y la realidad animal.

Si bien es entendible y positiva la asunción de cierto grado de compromiso para con los animales, esta fijación en muchos casos adquiere ribetes obsesivos que rayan en lo psicopatológico. Por ejemplo, para muchos “animalistas” no basta evitar el maltrato innecesario, su objetivo es prohibir todo juego, fiesta o labor con animales, sea trabajo agrícola, circo, zoológico, deporte, desfile, policial, militar, rescate, servicio e incluso su utilización en laboratorios. Esta necesidad obsesiva de proteger animales suele basarse en una falsa empatía proveniente de errores atribucionales derivados del antropomorfismo.

image55f20660710fd8-56600678Otra consecuencia de esta malentendida empatía es la humanización de las mascotas. Los especialistas advierten sobre sus riesgos ya que es la causa de diversos trastornos de comportamiento en los animales domésticos. “Es un tipo de amor malentendido, ya que el animal tiene derecho a ser un animal, y debe tener su propia vida de gato o de perro”, dice Ramón Alcoberro, experto en ética de la Universidad de Girona. Mientras que el escritor chileno Rafael Gumucio señala; “Humanizar a los animales es un retroceso evolutivo, un reblandecimiento mental”. El problema radica en una sobre-exageración del vínculo afectivo, dónde se percibe a la mascota como un miembro humano de la familia en lugar de lo que es, un animal. Esto no se limita solo a cuidados excesivos, los etólogos y adiestradores caninos reconocen otras formas de humanización bastante más sutiles que de seguro pasan desapercibidas para la gran mayoría de los dueños de animales. Por ejemplo:

La nominalización; consistente en convertir al animal en un personaje (el protagonista de una historia) dramatizando su existencia. La atribución de cualidades cognitivas y motivacionales a los comportamientos animales, es otra forma común de humanización. Decir que nuestra mascota es sabia, inteligente, humilde, peleadora o romántica y sobre todo interpretar y entender estas cualidades desde el prisma humano, según los etólogos, es un excelente punto de partida para humanizar a nuestros animales. Pero quizá el modo más frecuente de humanización es la asignación de características físicas o emocionales a los animales, como explica la adiestradora canina, Maria Fernandez Mendéz:

El rechazo a ciertas acciones por parte de nuestros animales es un dato objetivo, pero la atribución de explicaciones desde la óptica humana contribuyen a humanizar nuestra percepción sobre una realidad que no debería trascender lo canino. En ocasiones conviene ejercitar la cognición de que no entendemos un comportamiento animal antes que tratar de dar una explicación desde nuestra óptica de seres humanos. En este orden de antropomorfismo también tienen presencia capacidades sensibles como la ternura, el miedo o la valentía, por ejemplo, el amor como propiedad muy representada, en general hacia el dueño y hacia los niños de la familia. La felicidad también es una cualidad estrella manifestada con frecuencia por dueños de perros humanizados. De hecho es la obsesión estrella que conduce al antropomorfismo canino: el deseo noble del propietario para que su mascota sea feliz.[4]

2.- ANTROPOMORFISMO VIRAL

Es común ver en Internet, videos de “perros culpables” luego de hacer travesuras, que al ser sorprendidos por sus dueños, desvían la mirada y muestran signos de sumisión o “arrepentimiento”, lo que despierta la ternura y risa de los internautas, pese a que la evidencia científica ha descartado que ellos sientan culpa o vergüenza y que sus gestos obedecen más bien a una reacción natural ante la presencia de un individuo de mayor jerarquía. Sin duda, los casos más irrisorios de antropomorfismo animal los vemos justamente aquí, en Internet, sobre todo en Youtube, donde encontramos videos con títulos tan surrealistas como “ballena intenta suicidarse” o “perro intenta salvar la vida de un pez”.

Hagamos un ejercicio. Usando el pensamiento racional y nuestro conocimiento general sobre comportamiento canino ¿qué ven ustedes en este video?

¿Un animal consciente de la fisiología de los peces tratando de salvarles la vida? ¿o quizá un perro “enterrando su comida” de una manera ficticia al no tener tierra a mano? Juzguen ustedes cual es la explicación más parsimoniosa.

Los usuarios de Internet compartieron con mucho entusiasmo un video llamado; “cisnes negros alimentan peces”.

“Una lección de altruismo y empatía para la humanidad”, dijo más de alguno. Sin embargo quienes están familiarizados con aves semiacuáticas supieron de inmediato lo que realmente pasaba. Y es que las aves de la familia anátidas (ocas, gansos, patos, cisnes, etc.) suelen remojar algunos tipos de alimentos antes de comerlos para facilitar su ingestión. ¿No me creen? aquí hay otro video donde unos patos remojan su comida en un charco (sin peces obviamente). Ni bondad ni empatía, solo un par de cisnes despistados y un grupo de peces oportunistas alimentándose del sobrante que cae del pico de las aves.

El año pasado se encendieron las alarmas entre los animalistas. El motivo fue el video de una orca  que “intentó suicidarse”… Así, tal como lo leen.

Se trataba de Morgan una de las orcas del parque acuático Loro Parque. En el video se puede ver a Morgan reposando en una plataforma fuera del agua. Solo eso bastó para que nuestros amigos animalistas sacaran todo tipo de conclusiones. “La orca intenta suicidarse para escapar de la vida miserable que lleva en el parque acuático”, decía un comentario en Youtube.

Hemos visto a estos animales fuera del agua un montón de veces en los parques acuáticos ¿Por qué el video de esta orca en particular causó tanto revuelo? En realidad se trata de una campaña de desprestigio de algunas asociaciones de liberación animal luego de haber perdido todas las batallas legales y el consenso de los expertos sobre la viabilidad de devolver a Morgan al mar. Hablamos de un animal que fue abandonado por su manada y rescatado en estado de desnutrición a muy corta edad y no puede valerse por si mismo porque además es sordo. La historia de Morgan y los detalles de la polémica los puedes leer acá. Todo esto, claro, al margen de lo absurdo que suena hablar de autoflagelación cetácea.

Finalmente un caso más reciente: La imagen de un canguro sosteniendo a un compañero moribundo.

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Parece una escena triste. Algunos incluso se aventuraron a decir que se trata de una madre canguro agonizando y su leal compañero levantando su cabeza para que pueda ver a la cría por última vez. Pero el Dr. Mark Eldridge, un científico investigador del Instituto de Investigación del Museo Australiano, explica lo siguiente: “Parece un caso bastante sencillo de comportamiento de ‘cortejo’, pero con una hembra moribunda o muerta. El macho parece estar tratando de poner a la hembra en sus pies para poder aparearse. Por razones que desconocemos, ella está moribunda o muerta, por lo que no está respondiendo.”

Y claro, esto tiene más sentido cuando examinamos otra imagen, donde podemos ver la prominente erección del marsupial que evidencia intenciones mucho más “carnales” que el gesto noble que asumieron (inocentemente) algunos internautas.

3.- GRANDES ANTROPOMORFIZADORES: LOS DOCUMENTALES

Si creías que los documentales que mienten, tergiversas, exageran o falsean información estaban relegados a producciones independientes de corte ‘conspiranoico’ y pseudocientífico; permiteme decirte que estas equivocado y que probablemente has sido engañado de forma deliberada, un centenar de veces, sin siquiera darte cuenta.

El documental es un formato divulgativo muy efectivo, pero no esta libre de limitaciones y es en el subgénero de la divulgación científica donde más trabas encuentra. Explicar el comportamiento animal de una forma comprensible y amena no es fácil, por este motivo los documentalistas se valen de diversas técnicas y herramientas de transmisión donde el antropomorfismo es una de las más destacas.

Sin embargo, su uso como recurso divulgativo no está exento de controversia. Para algunos profesionales como Wiltraud Engländer, las presentaciones antropomórficas carecen de verdad científica, por lo que considera una “irresponsabilidad” el uso de esta herramienta [5]. “En su peor forma —señala Engländer— el antropomorfismo no es solo engañar: es simplemente contar mentiras”[6]. A su vez, en la elaboración de estas películas sobre la naturaleza, el ex-productor de la BBC Jeffery Boswall explica que se debe cumplir un principio fundamental: “No engañarás a la audiencia con los hechos de la naturaleza”[7]. En el intento de provocar el mayor interés posible existe el peligro de adulterar la realidad exagerando, dramatizando o humanizando la narración. Sin embargo, los realizadores no deben caer en estas prácticas porque, como continúa Boswall, “la audiencia nos cree […]. Ellos toman la película como hechos y no como ficción, como documental y no como historia-drama”[8].

Un estudio publicado el 2012, llamado Ciencia para la televisión. El documental científico y sus claves[9] elaboró un exhaustivo estudio de las técnicas comunicativas (narración, drama y argumentación) empleadas en los cincuenta documentales europeos de mayor prestigio internacional, y concluyó que, pese a la polémica entre académicos y realizadores, el antropomorfismo es una de las herramientas de divulgación científica más usada entre los documentalistas de la naturaleza y la vida salvaje. La marche de l’empereur (Francia, 2005), First Flight (Austria, 2004) o Living with Bugs (Reino Unido, 2003) son algunos de los programas estudiados que sirven de ejemplo.

Otro buen ejemplo del abuso de este recurso, queda patente en el adelanto del nuevo programa documental de la BBC sobre vida salvaje. Hace poco la BBC liberó un ‘teaser’ de su nueva serie; ‘Spy In The Wild’ rodada casi en su totalidad con cámaras ocultas camufladas en muñecos con forma de animales. El fragmento se titula ‘Langures de luto por un falso mono’ y cuenta sobre un grupo de monos que supuestamente “confundieron” una de estas “robot-cámara” con una cría real. Según narra la BBC, cuando uno de los lengures dejó caer el muñeco al suelo estos creyeron que estaba muerto, lo “lloraron desconsoladamente” y hasta le hicieron un funeral.

Realmente hay que tener mucha imaginación para ver “llantos desconsolados” o algo que al menos sugiera una muestra de tristeza o pesar por parte de los monos, puesto que nada de eso se ve en las imágenes. Lo que si se ve es un despliegue de recursos audiovisuales (como secuencias de imágenes editadas, música triste y una narración con tono dramático) capaces de convencer a los potenciales espectadores de cualquier cosa.

Sobre el uso y abuso del antropomorfismo, el connotado documentalista británico David Attenborough, señala: “Creo que es muy peligroso. […]. Dotar a los animales de reacciones humanas es algo que ha de evitarse completamente. Yo me cuido mucho de decir que un animal siente emociones humanas o incluso de hacer comparaciones. Las comparaciones que hago son muy seguras”[10].


4.- INTELIGENCIA ANIMAL E INVESTIGACIÓN (PSEUDO) CIENTÍFICA

Pero ¿dónde se marca la línea entre antropomorfizar y explicar objetiva y científicamente el comportamiento animal?  Los humanos también somos animales ¿por qué no pensar que podemos compartir elementos cognitivos y hasta emocionales con otras especies? Después de todo, parece haber “evidencia” que siguiere que no somos los únicos que experimentan la alegría, la tristeza, el deseo, el amor o la empatía.

Durante los últimos años ha salido a la luz una gran cantidad de estudios sobre animales haciendo hazañas maravillosas que alguna vez pensamos que sólo los humanos podían hacer. Que los elefantes realizan funerales, que los chimpancés llorar a sus muertos, que los perros pueden interpretar los gestos faciales de sus dueños o que las ratas supuestamente sienten empatía. Sin embargo un contingente escéptico de científicos, desestima estas investigaciones señalando que atribuyen cualidades humanas a los animales ignorando explicaciones cognitivas más simples.

El 2012 se celebraron dos simposios patrocinados por la Real Sociedad en Londrés; Animal minds: from computation to evolution y Theories of minds: the theoretical bases of comparative cognition[11]. En ambos, los investigadores debatieron sobre lo que hacen realmente los animales cuando se involucran en comportamientos aparentemente complejos. “Hay una carrera armamentista para identificar a los animales más inteligentes, pero ¿qué estamos tratando de probar?” señala Lars Chittka, zoólogo y etólogo de la Universidad Queen Mary de Londres. A su vez la psicóloga experimental de la Universidad De Oxford, Cecilia Heyes, señala; “Los intentos de equiparar las mentes humanas y no humanas se han convertido en un juego infantil”.  Los investigadores culpan a los medios e incluso a algunos científicos por las interpretaciones exageradas del comportamiento animal.

En una charla en la reunión de Londres, titulada; “Mentes simples”, Heyes argumentó que muchos investigadores subestiman el aprendizaje asociativo. Heyes explica que este tipo de aprendizaje es omnipresente entre los animales y humanos y sigue siendo un “contendiente” cuando se interpretan experimentos con animales.

chimpanceComo ejemplo, Heyes criticó el estudio sobre altruismo en chimpancés, dirigido por los primatólogos Victoria Horner y Frans de Waal de la Universidad de Emory, Atlanta. Todos los estudios anteriores indicaron que los chimpancés no son muy dados a la generosidad, a diferencia de los humanos, parecen hacerlo sólo cuando son presionados. Según De Waal, esto se debe a defectos de logística como la complejidad de los mecanismos empleados para recompensar a los chimpancés.

Para evitar este problema, Horner y de Waal simplificaron al máximo la prueba, en la que dieron a elegir a siete chimpancés adultas entre obtener una recompensa para sí mismas o para sí mismas y un compañero. Para ello les presentaron un cubo con fichas de dos colores distintos, uno de los cuales podía ser intercambiado por un plátano para ellas y la pareja y otro por un plátano sólo para ellas. Los chimpancés mostraron una preferencia significativa por la ficha que condujo a un plátano para ellas mismas y sus compañeros. El equipo concluyó que los chimpancés son más altruistas de lo que se les reconoce.

Pero Heyes señaló que los plátanos fueron envueltos en papel aluminio, así que los chimpancés podían oír y ver cuando su socio recibía la recompensa. Ella sugirió que, al asociarlo con el alimento, a los chimpancés pudo gustarles el sonido del papel, “tal como los perros de Pavlov con el sonido de la campana “, por lo que optaron por la elección del color que significaba un doble disparo de sonido. La psicóloga Sara Shettleworth de la Universidad de Toronto en Canadá, dice estar “totalmente de acuerdo” con las reservas de Heyes, e incluso señala que las conclusiones de Horner son “cuestionables”.

En otra charla titulada; “Los animales no son personas”, el científico cognitivo Derek Penn de la Universidad de California, incluyó una punzante crítica a un artículo publicado el 2011 en Science, que afirmaba que las ratas son capaces de empatizar. En el estudio, la neurobióloga Peggy Mason de la Universidad de Chicago en Illinoi y sus colegas, encerraron a una rata en un pequeño contenedor de plástico que solo podía abrirse desde el exterior. Una segunda rata libre fue colocada cerca, y pronto aprendió a liberar a su compañera abriendo la puerta. Las ratas libres no abrieron la puerta cuando la trampa estaba vacía. Los autores concluyeron que las ratas reaccionaron empáticamente a la angustia de sus compañeros.

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Pero Penn argumentó que el equipo no había demostrado que la rata estaba realmente en apuros. El equipo tampoco hizo otro importante control; el uso de ratas que no estaban estresadas. Reproduciendo vídeos del experimento en la reunión, señaló que una vez que la puerta estaba abierta, las ratas libres entraron en la trampa y la exploraron con la rata atrapada, lo que sugiere que estar en la trampa no era tan estresante.

Mason, que no estaba en la reunión, dice estar de acuerdo en que las ratas no son conscientes de los estados mentales de otros, como lo son los humanos, pero que el comportamiento que su equipo observó es el “homólogo roedor de la empatía”. Sin embargo, Penn argumentó que este y muchos otros trabajos recientes sufren lo que se llamada “psicología popular”: interpretación del comportamiento animal y humano desde el “sentido común” en lugar de lo estrictamente científico. La psicología popular, dice Penn, da a los animales razones humanas para lo que hacen, como “las ratas ayudaron a liberar sus compañeras porque las ratas enjauladas sentían miedo.”

4.1- Delfines; tan tontos como las gallinas

¿Ha visto usted, señor lector, a un delfín haciendo algo realmente inteligente? Probablemente no. Pocos mitos científicos han calado tan hondo en el imaginario popular como la supuesta inteligencia avanzada de estos animales. Regularmente descritos como poseedores de elevadas capacidades cognitivas y una sobresaliente inteligencia, los delfines tienen una reputación intelectual que casi iguala al humano. Reputación, que según muchos biólogos, estaría totalmente exagerada y completamente equivocada.

xclearwater-aquarium-winter-dolphin-image-mclaren-family-jpg-pagespeed-ic-dlpx8muq-e“Los ponemos en un pedestal sin motivo y se proyecta una gran cantidad de nuestros deseos en ellos”, dice Paul Manger neuroetólogo de la Universidad de Witwatersrand en Sudáfrica. Según el profesor, las afirmaciones de que los delfines tienen un cerebro particularmente complejo, utilizan un lenguaje sofisticado, son conscientes de sí mismos y pueden utilizar herramientas, no tienen sentido. Las características neuronales esenciales del procesamiento de información compleja, que se observa en otros mamíferos, no se encuentran o están poco desarrolladas.” En algunos casos, dice Manger, los delfines son incluso superados por los peces de colores. Cuando pones peces de colores en un recipiente, explica, por lo menos tratan de escapar saltando hacia fuera, mientras que los delfines que han sido capturados en las redes ni siquiera piensan en saltar a la libertad. “La idea del delfín excepcionalmente inteligente es un mito”, concluye Manger.

Are Dolphins Really Smart? The Mammal Behind the Myth (¿Son tan listos los delfines? El mamífero detrás del mito) libro del escritor científico Justin Gregg, aborda los mitos arraigados en torno a las capacidades del delfín. Uno a uno, Gregg, refuta las ideas predominantes sobre los delfines: que son consciente de sí mismos, que son los animales más inteligentes después de los humanos, que tienen un lenguaje complejo, que son especialmente amables y pacíficos, etc. En cada caso se muestra que los delfines están lejos de ser excepcionales. “Tienen habilidades que se encuentran también en los primates y los córvidos, después de evolucionar independientemente en estructuras sociales similares —Señala Gregg— sin embargo se ha comprobado que muchas otras especies están por encima de los delfines en cada una de estas cualidades”.

Una cantidad desproporcionada de tiempo han dedicado los científicos a la investigación de la inteligencia del delfín. Cincuenta años de estudios no han hecho más que liquidar cualquier esperanza de identificar un lenguaje complejo en estos animales. Aunque en cautiverio han demostrado comprender algunos símbolos, no muestran signos de poder reproducirlos (como el chimpancé, por ejemplo). No muestran ninguna evidencia de memoria episódica (los seres humanos la desarrollan alrededor de los tres años). Tienen grandes cerebros para su tamaño, pero a medida que crecen no mantienen su densidad neuronal, como los grandes simios. La resolución de problemas no es un punto fuerte para los delfines tampoco.

Si bien han logrado pasar la tan popular prueba de “autorreconocimiento” en el espejo (donde los investigadores dibujan un punto en el animal y ven si se toca dicha parte de su cuerpo cuando se mira en un espejo) muchas otras especies también lo han hecho, y algunas no muy sofisticadas. “La agudeza visual de los delfines en realidad no es lo suficientemente buena para percibir dichas marcas”, señala Manger, y critica lo que considera “serias deficiencias” en el diseño del experimento. Además es de conocimiento científico que dicha prueba no es lo suficientemente confiable para demostrar “auto-conciencia”. Los niños de algunos lugares como Kenia, Fiji y Perú, tienden a congelarse en estado de shock cuando se enfrentan a su cara pintada en un espejo. El hecho de que no se reconozcan o no se acerquen a investigar el espejo, no tiene nada que ver con su condición de seres auto-conscientes. [12]
 
Apelando a sus supuestas capacidades e inteligencia, muchas asociaciones animalistas han ejercido presión para que el delfín sea considerado una “persona no humana” y que pueda acceder a algunos “derechos fundamentales”, tales como el derecho a la integridad física, pero como bien dice Manger: “Las estrategias de conservación no deben estar basadas en expectativas poco realistas”.

4.2- Más estresados que inteligentes

A pesar que los científicos cuestiona duramente los estudios y afirmaciones sobre la elevada inteligencia animal, algunos hallazgos recientes sugieren que las aves pueden hacer herramientas y entender los estados mentales de otros. ¿Existe alguna teoría alternativa que explique estás proezas?

En el trabajo de Nicola Clayton de la Universidad de Cambridge, los arrendajos (un tipo de cuervo) parecen planificar el futuro almacenando el alimento que probablemente necesitarán más tarde. Y en un paper publicado en Science 2006 (16 de junio, página 1662), el equipo de Clayton sugirió que estas aves podrían incluso tener una “teoría de la mente”. El equipo encontró que los arrendajos cambian de escondite sus alimentos si otras aves están observando, ya que los arrendajos se roban rutinariamente entre si. Esto plantea la posibilidad de que las aves están conscientes de las intenciones y estados mentales de otros.

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No obstante el hecho de que estas aves muevan continuamente su comida, no implica necesariamente inteligencia avanzada o consciencia de estados mentales ajenos. Según la doctora Elske van der Vaart esto se debe simplemente al estrés. La doctora explica que los arrendajos saben por experiencia que sus gusanos están más seguros si se encuentran lejos de cualquier otra ave. Cambiar de escondite no se debe a un intento consciente de engañar a las otras aves, sino al estrés que produce la presencia de estas. Muchas veces, los arrendajos terminan confundidos con tanto movimiento, y cuando vuelven a buscar su comida, los gusanos ya no están dónde se suponía que estuvieran. El resultado es que el ave se estresa aún más y continúa moviendo los gusanos.

Van der Vaart puso a prueba su teoría a través de una simulación virtual. Usando un modelo informático recreó un “pájaro virtual” cuyo comportamiento depende de un conjunto de supuestos básicos sobre la cognición de los córvidos. El estudio fue publicado en PLOS ONE, donde se explica que en la simulación, esta ave virtual muestra el mismo comportamiento de un verdadero arrendajo, y por supuesto, sin ningún tipo de información sobre lo que están pensando otras aves. Por lo tanto, las simulaciones indican que el comportamiento de re-almacenamiento de los córvidos puede explicarse sin apelar a una sofisticada cognición social. La psicóloga  Amanda Seed de la Universidad de St. Andrews en el Reino Unido, dice que este modelo “se ajusta muy bien a los datos”  y agrega, “Incluso mejor, proporciona algunas predicciones comprobables”.

5.- CONCIENCIA Y SUFRIMIENTO ANIMAL

En julio del 2012 los amantes de los animales celebraron eufóricos la ‘Declaración de Cambridge sobre la Conciencia. Se trata de un documento firmado por un grupo de científicos (doce, para ser exacto) donde concluyen que los animales no humanos tienen conciencia. A pesar de tratarse de un “manifiesto” y no una revisión empírica, dicho documento suele usarse hasta hoy como muestra del “consenso científico” sobre la conciencia animal, pero ¿existe tal consenso en realidad? Independiente de lo que creamos o no ¿hay suficiente evidencia empírica que nos permita afirmar irrefutablemente que los animales están conscientes?

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Declaración de Cambridge sobre la Conciencia

Para poner en contexto, la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia fue firmada en la Conferencia Memorial Francis Crick en Cambridge, Reino Unido, el 7 de julio de 2012, por no más de una docena de científicos (que pueden verse en la imagen).

Por mencionar dos organizaciones: la Organización Internacional de Investigación del Cerebro actualmente incluye más de 80 asociaciones afiliadas, corporativos y académicos con una membresía combinada de 75.000 neurólogos, mientras que la Society for Neuroscience tiene más de 40.000 miembros. ¿Por qué estamos permitiendo que 12 personas hablen por decenas de miles?

Desde luego esto no sería problema si el manifiesto coincidiera con la literatura científica actual y con las reservas de la comunidad neurocientífica, pero lamentablemente no es el caso. ¿Que dice exactamente la declaración?

Los sustratos neurales de las emociones no parecen estar restringidos a estructuras corticales. De hecho, las redes neurales subcorticales que se excitan durante los estados afectivos en los seres humanos, también tienen una importancia crítica en la generación de estados emocionales en los animales no humanos. La excitación artificial de las mismas regiones cerebrales genera conductas y estados emocionales correspondientes, tanto en animales humanos como no humanos. Donde quiera que el cerebro suscita comportamientos emocionales instintivos en los animales no humanos, muchos de estos comportamientos resultantes son consistentes con el experimentar sentimientos, incluso aquellos estados internos que recompensan o castigan. La estimulación cerebral profunda de estos sistemas en seres humanos también puede generar estados afectivos semejantes. Los sistemas asociados con el affect están concentrados en regiones subcorticales donde abundan homologías neurales. Seres humanos jóvenes y animales no humanos sin neocórtices retienen estas funciones cerebro-mentales. Inclusive, circuitos neurales que apoyan los estados conductuales y electrofisiológicos de atención, sueño y toma de decisiones, parecen haber surgido en la evolución desde la propagación de los invertebrados, siendo evidente en insectos y moluscos cefalópodos (por ejemplo, el pulpo). Las aves parecen ofrecer, en su conducta, neurofisiología y neuroanatomías, un caso destacado de evolución de la conciencia, en paralelo. Evidencia de niveles casi humanos de conciencia han sido observados de manera espectacular en los loros grises africanos. Las redes emocionales y los microcircuitos cognitivos de mamíferos y aves parecen ser mucho más homólogos de lo que se pensaba antes. Es más, se ha descubierto que ciertas especies de aves exhiben patrones neurales de sueño similares a los de los mamíferos, incluyendo movimientos oculares rápidos y, como se demostró en los pinzones cebra, también muestran patrones neurofisiológicos que anteriormente se pensaba requerían del neocórtex mamífero. En particular, se ha notado que las urracas muestran similitudes asombrosas con los seres humanos, grandes simios, delfines y elefantes, en estudios de autoreconocimiento frente a un espejo. […] hay evidencia que sugiere que la conciencia está correlacionada con la actividad cortical, lo que no excluye posibles contribuciones de procesos subcorticales o corticales tempranos, como la conciencia visual. La confirmación de que las sensaciones emotivas en los seres humanos y los animales no humanos surgen de redes cerebrales subcorticales homólogas, proporciona una sólida prueba de que, evolutivamente, compartimos los mismos qualia2 afectivos originales.

Declaramos lo siguiente: «La ausencia de un neocórtex no parece impedir que un organismo experimente estados afectivos. Evidencia convergente indica que los animales no humanos poseen los substratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de estados conscientes, así como la capacidad de exhibir comportamientos deliberados. Por consiguiente, el peso de la evidencia indica que los seres humanos no son los únicos que poseen los sustratos neurológicos necesarios para generar conciencia. Animales no humanos, incluyendo todos los mamíferos y pájaros, y muchas otras criaturas, incluyendo los pulpos, también poseen estos sustratos neurológicos».

Pese a que la conciencia tiene múltiples dimensiones y diversas definiciones, la neurociencia reconoce solo dos tipos; conciencia primaria (también conocida como “núcleo de conciencia” o “sensación de conciencia”) y conciencia de orden superior (también llamada “conciencia extendida” o “auto-conciencia”). Conciencia primaria se refiere a la conciencia de momento a momento, de experiencias sensoriales y algunos estados internos como son las emociones. Conciencia de orden superior incluye la conciencia de uno mismo como una entidad que existe por separado de otras entidades; tiene una dimensión autobiográfica que incluye una memoria de eventos pasados; conocimiento de los hechos, como también un vocabulario y un idioma; y una capacidad para la planificación y anticipación del futuro. [13]

Lo que los autores de la Declaración de Cambridge realmente están proponiendo cuando hablan de “estados afectivos similares” en los seres humanos y animales no humanos, es la existencia de una tercera y más básica clase de conciencia, a la que Jaak Panksepp (firmante de la declaración) se refiere comúnmente como la conciencia afectiva y que en la Declaración se afirma que se encuentra en una amplia variedad de animales, incluyendo insectos. Esto no es en absoluto representativo de lo que la mayoría de los neurocientíficos saben sobre conciencia animal, de hecho la legitimidad misma del término “conciencia afectiva,” es muy cuestionada. En una exhaustiva investigación llamada: “¿Los peces pueden realmente sentir dolor?” [14] , los autores JD Rose, R Arlinghaus, SJ Cooke, BK Diggles, W Sawynok, ED Stevens y CDL Wynne describen los términos utilizados en la actualidad por los neurólogos para describir la conciencia en los seres humanos y los animales: “Se han propuesto categorías y subdivisiones de la conciencia adicionales, así (por ejemplo, la conciencia médica, De Graaf et al 2012). Pero las definiciones y categorizaciones de conciencia adicionales siguen siendo una fuente de controversia.” [15] 

Los autores de la declaración también contradicen la opinión comúnmente aceptada de que el funcionamiento del neocórtex es un requisito esencial para la conciencia, y argumentan que las regiones subcorticales del cerebro son suficientes para producir la conciencia, incluso en ausencia de un neocórtex. Los neurocientíficos saben que esto es muy improbable. El neocórtex parece tener algunas propiedades únicas, como; (a) interconectividad excepcionalmente alta dentro del neocórtex y entre la corteza y el tálamo y (b) suficiente masa y diversificación funcional local para permitir patrones de actividad diferenciadas en regiones especializadas, [16] lo cual sugiere que desempeña un papel vital e indispensable en el desarrollo de la conciencia.[17] [18] Inclusive, David Edelman, uno de los firmantes de la Declaración, se contradice en su artículo Criterios para la conciencia en los seres humanos y otros mamíferos, dónde reconoce que la corteza desempeña un papel fundamental para la conciencia. [19]

Para empeorar las cosas, cuando los declarantes afirman; “Los sustratos neurales de las emociones no parecen estar restringidos a estructuras corticales”, están incurriendo en una falacia lógica; “los animales tienen esas otras áreas, por lo tanto, los animales tienen sentimientos”. Eso equivale a decir que como otros órganos fuera del ojo están involucrados en la visión; las personas que no tienen ojos, al tener esos otros órganos, pueden ver. La existencia de emociones en ciertos animales tampoco es evidencia de algún tipo de conciencia. Si aceptamos que al menos algunas de nuestras emociones son inconscientes, entonces tenemos que considerar la posibilidad de que para ciertos animales, todas sus emociones podrían ser inconscientes. Las emociones no son necesariamente sentimientos conscientes.

Por otra parte, al menos uno de los firmantes de la Declaración de Cambridge ha reconocido que no hay ninguna prueba científica de que los animales no humanos —incluyendo los primates— están conscientes. David B. Edelman, Bernard J. Baars y Anil K. Seth reconocen este punto en su artículo, La identificación de características de la conciencia en las especies no mamíferas [20] En un documento complementario de AK Seth, BJ Baars y DB Edelman, titulado Criterios para la conciencia en los seres humanos y otros mamíferos, [21] los autores enumeran 17 propiedades distintivas de la conciencia, y luego discuten si la presencia de estas propiedades puede ser demostrada en animales no humanos. En el apartado 3 de su artículo, los autores sostienen que, si bien algunas de las 17 propiedades pueden ser probadas en animales, otras no. Según el profesor David Edelman, la conciencia subjetiva es algo que sólo podemos inferir indirectamente en los animales, además ha admitido que la conciencia de orden superior puede limitarse solo a los seres humanos. [22]

De entre los firmantes, los profesionales clave, que trabajan en el campo de la neurociencia, como la profesora Marian Dawkins, han advertido contra los peligros del antropomorfismo, y han argumentado que los científicos deben mantener una “agnosticismo militante” sobre el tema de la conciencia animal en el curso de sus investigaciones. “Desde un punto de vista científico, entendemos muy poco acerca de la conciencia animal (y de hecho, sobre nuestra propia conciencia) como para afirmar que ahora ‘sabemos’ que los animales experimentan emociones […]. El antropomorfismo (ver a los animales igual que los seres humanos) y lo anecdótico fueron asumiendo un lugar en el estudio de la conciencia animal, lo que, a mi parecer, deja toda la zona muy vulnerable a ser totalmente demolida por el argumento lógico”. [23]

Ni siquiera los mismos firmantes de la Declaración de Cambridge están de acuerdo entre ellos en cuanto a la conciencia animal. Por ejemplo, el Dr. Christof Koch parece creer en una especie de pampsiquismo. En una entrevista que concedió a The Huffington Post, titulada, “La conciencia está en todas partes” (15 de agosto de 2012), afirmó que él cree que cualquier sistema integrado posee un cierto nivel de conciencia. Sobre el tema de la conciencia en los insectos, los firmantes tienen puntos de vista muy divergentes también. Uno de los firmantes de la Declaración, Christof Koch, defiende la opinión de que las abejas pueden estar conscientes [24]. Koch, también ha sugerido en su libro, “En busca de la conciencia” [25]  que incluso las moscas de la fruta podrían poseer conciencia. Otro signatario, Bruno Wan Swinderen, también ha argumentado que las moscas de la fruta están conscientes, porque sus cerebros son capaces de asignar relevancia a un estímulo sobre la base del olor, el calor o la novedad. [26]  Por el contrario,  el Dr. David Edelman rechaza la opinión de que las abejas son conscientes. En su opinión, las abejas, a pesar de sus hazañas cognitivas impresionantes, son incapaces de tener conciencia, ya que sus cerebros son demasiado pequeños. Según él, no es probable que la interacción de apenas un millón de neuronas produzca algo que llamaríamos conciencia. (Por supuesto, una mosca de la fruta tiene incluso menos neuronas en su cerebro).

Otro garrafal error de la Declaración de Cambridge radica en la afirmación:”Evidencia de niveles casi humanos de conciencia han sido observados de manera espectacular en los loros grises africanos.”  Esto es una exageración que va mucho más allá de la evidencia científica disponible. Como vimos más arriba, en neurociencia se reconocen dos tipos de conciencia; conciencia primaria y orden mayor de conciencia (auto-conciencia). Si la evidencia sobre conciencia primaria en animales es escasa, la evidencia de orden mayor de conciencia en estos es prácticamente nula. Eso incluye a los chimpancés. Cualquiera que piense que los chimpancés son el máximo referente de inteligencia animal podría echar un vistazo a la página Web  del Dr. Daniel Povinelli. Povinelli argumenta que no hay buena evidencia hasta la fecha que indique que los primates no humanos son capaces de razonar acerca de los estados mentales de los demás (percepciones, deseos o creencias), o sobre aspectos observables de las interacciones físicas (peso, fuerza o masa). Tampoco parecen tener un concepto de sí mismo como el nuestro.

Cuando llegamos a las aves, la evidencia de la conciencia de orden superior es mucho más débil. De hecho, hace sólo unos pocos años, la mayoría de los neurólogos se inclinaban a negar que las aves eran incluso capaces de poseer conciencia primaria, por no hablar de orden superior de conciencia. Eso fue antes del descubrimiento de la cresta dorsal del ventrículo aviar (DVR) homóloga a la corteza cerebral de los mamíferos. El loro gris africano, Alex, fue usado para demostrar la comprensión de una serie de conceptos simples del habla, pero desafortunadamente no mostró facilidades con el idioma Inglés. Los investigadores no pudieron verificar la presencia de la conciencia superior en Alex. Mientras que los loros grises africanos pueden responder a preguntas sencillas relativas a cuántos objetos están cerca, y qué tipo de objetos son, jamás se ha demostrado que sean capaces de planificar el futuro. La urraca europea (y no el loro gris africano) es la única ave que alguna vez ha demostrado ser capaz de pasar la prueba del espejo que se utiliza comúnmente para evaluar la auto-conciencia. Incluso esto es ser muy generoso: lo que la prueba realmente establece, como el filósofo Michael PT Leahy ha señalado, es la conciencia del propio cuerpo, a diferencia de otros órganos. No demuestra la auto-conciencia. [27]

De lo que si existe buena evidencia experimental es de que incluso los animales inteligentes como los chimpancés (ver  vídeo) y elefantes (ver aqui ) carecen de una teoría de la mente. Un chimpancé, por ejemplo, es incapaz de darse cuenta de que un hombre con un cubo en la cabeza no puede ver nada, mientras que un elefante puede ser fácilmente engañado por un espantapájaros. De hecho, los investigadores de primates Derek Penn y Daniel Povinelli han escrito un artículo titulado Sobre la falta de evidencia de que los animales no humanos poseen nada remotamente parecido a una “teoría de la mente” [28], en el que no sólo discuten las habilidades de los chimpancés, sino también las de los córvidos y en el que explican por qué no hay ninguna razón para suponer que estos animales tienen la capacidad de atribuir estados mentales a otros. Penn y Povinelli también propusieron dos experimentos cuidadosamente controlados que podrían proporcionar evidencia de una “teoría de la mente” en animales no humanos. Incluso los chimpancés adultos que estaban acostumbrados a interactuar con humanos fracasaron en el primer experimento, mientras que los bebés humanos de 18 meses de edad, pasaron la misma prueba.

La neurociencia moderna también sabe que el comportamiento no sirve como indicador para identificar la conciencia en animales. En todos los vertebrados, incluyendo seres humanos, las respuestas innatas a los estímulos nociceptivos, como la retirada del miembro, gestos faciales y vocalizaciones son generados por los sistemas neuronales en los niveles subcorticales del sistema nervioso, principalmente en la médula espinal y el tronco cerebral. Entender que la visualización de comportamientos de respuesta a los estímulos nociceptivos no implica por sí misma la percepción consciente del dolor, es vital para una conceptualización válida de la base neural de dolor. Por ejemplo, los seres humanos que están completamente inconscientes debido a un daño masivo de la corteza cerebral, todavía pueden mostrar respuestas faciales, vocales y de las extremidades a los estímulos nociceptivos, a pesar de que la experiencia del dolor es imposible.[29]

A pesar de que no utilizan el término “dolor” en su declaración, y en su lugar se refieren a “recompensas” y “castigos”, los autores de la Declaración de Cambridge son claramente de la opinión de que el dolor es experimentado por prácticamente todos los animales, mientras muchos neurólogos creen que es poco probable que el dolor sea experimentado por todos los mamíferos. [30]

Otro punto donde la declaración de Cambridge peca de exagerada y pseudocientífica es en la afirmación de conciencia en pulpos. La idea de que la conciencia ha evolucionado de forma paralela en los vertebrados y los pulpos, como la Declaración sugiere, es muy problemática por razones anatómicas. Existen profundas diferencias estructurales entre los cerebros de los vertebrados y los pulpos. Sería realmente muy extraño, si dos de tales estructuras fundamentalmente diferentes generaran de forma independiente una capacidad tan especializada como la conciencia. [31] Un resumen imparcial del estado actual de la investigación de la conciencia de cefalópodos se puede encontrar en paper de Lindsay Jordan: Lo que se esconde debajo de las profundidades: ¿Existe conciencia en los cefalópodos? . Jordan también reconoce que algunas de las afirmaciones más extravagantes hechas para explicar las hazañas mentales de los pulpos son científicamente cuestionables.

Como vemos, el manifiesto conocido como Declaración de Cambridge sobre la conciencia, de ciencia tiene muy poco, y no demuestra absolutamente nada sobre la conciencia animal. Ya lo decía Daniel Dennett; “Se necesita una mejor comprensión de la conciencia en los seres humanos antes que la discusión pueda extenderse válidamente a la conciencia animal […] La noción actual sobre la conciencia animal es un desastre. Agendas ocultas y no tan ocultas, distorsionan la discusión e impiden la investigación”.[32] Personalmente, y para no caer en un solipsismo absurdo, considero que es muy probable que algunos animales puedan poseer conciencia primaria, pero no podemos evadir el hecho de que hasta hoy, no hay evidencia concluyente al respecto.

5.1 – ¿Sufrimiento animal?

Ok, puede que no sean tan inteligentes, puede que muchos ni siquiera estén conscientes, pero de que sufren, sufren… ¿o no?

Decir hoy que los animales ‘no sufren’ es una herejía, aún así es una afirmación científicamente defendible. Antes de abordar el tema del sufrimiento, hay un problema semántico que es necesario resolver. El lenguaje suele provocar una serie de equívocos, debido a la ambigüedad y a las diferencias de significado que pueden atribuirse a determinadas palabras. Un ejemplo de ello es la frecuente confusión entre los conceptos de “dolor” y “sufrimiento”. Se tiende a equiparar el significado de ambos términos, pero son fenómenos distintos.

El dolor es una percepción sensorial (como el frío, el calor, el tacto o el sabor) presente en todos los animales que poseen un sistema nervioso desarrollado. Como vimos más arriba, provoca en muchas ocasiones reacciones reflejas e involuntarias que ni siquiera son organizadas por el cerebro. El sufrimiento en cambio es una elaboración cognitiva, supone la consciencia reflexiva del dolor, por lo cual es necesario estar dotado de capacidad de razonamiento. Valeska Vega Echaiz, psicóloga, explica: “El sufrimiento es vivido con más intensidad que el dolor. Son emociones y pensamientos que se entrelazan dando como respuesta diferentes conductas”.

Stephen Budiansky, graduado de Yale y Harvard, antiguo editor en Washington de la revista científica Nature y autor del exitoso libro; ‘Si un león hablara: La inteligencia animal y la evolución de la conciencia‘ [32] explica muy bien esta diferencia. En el último capítulo de su libro, Budiansky propone que aunque los animales experimentan dolor, no sufren. Sólo los seres humanos, argumenta, son capaces de sufrir:

Siguiendo la distinción de Daniel Dennett, debemos decir que el dolor no es el mismo que el sufrimiento: “Lo horrible de perder un trabajo, o una pierna, o la reputación o un ser querido, no está en el sufrimiento que este evento nos causa, sino en el sufrimiento de lo que este evento significa”, escribe Dennett. Nuestra capacidad de tener pensamientos acerca de nuestras experiencias convierte las emociones en algo mucho mayor y a veces mucho peor que el mero dolor. Los múltiples matices de muchas emociones que expresa nuestro lenguaje revelan la importancia crucial del contexto social, de los pensamientos que tenemos sobre nuestras experiencias y los pensamientos que tenemos acerca de esos pensamientos en nuestra percepción de las emociones. Tristeza, pena, condolencia, autocompasión, tedio, aflicción, angustia, embargo, preocupación, aprehensión, temor, desánimo, desconsuelo, melancolía, pesar, arrepentimiento, miseria, desesperación;  todos expresan matices del dolor de la tristeza, cuyo significado completo viene sólo de nuestra capacidad de reflexionar sobre su significado, no sólo del sentimiento. El horror que experimentamos al romperse un miembro, no es meramente el dolor; el dolor no es más que el comienzo del sufrimiento que sentimos al preocuparnos y anticipar las consecuencias. La compasión, condolencia y simpatía son todos matices de sentimientos que se manifiesta y definen por el contexto social, por nuestra capacidad de atribuir estados mentales a los demás. La conciencia es un don y una maldición maravillosa que, todo indica, no está en el ámbito de la experiencia consciente de otras criaturas.

CONCLUSIÓN

Pareciera que no pasa una semana sin que salga a la luz una nueva investigación afirmando asombrosas capacidades en los animales; “la ciencia confirma que los animales tienen sentimientos”, “científicos demuestran que los animales empatizan”, y vamos acumulando y acumulando titulares, alimentando nuestro antropomorfismo, sin entender que mientras los medios dicen una cosa, dentro de la comunidad científica la realidad es muy diferente. Esta realidad es que las interpretaciones antropomórficas fracasa en todos los niveles a la hora de explicar la cognición y el comportamiento animal, y las investigaciones actuales sobre las capacidades de los animales parecen ser solo un reflejo de lo que sabemos sobre nosotros mismos. Sorprendentemente, la ciencia, en la actualidad, no es capaz de demostrar, incluso con un alto grado de probabilidad, que los animales están conscientes o que sufren. Por consiguiente, cualquiera que afirme saber que los animales sufren tendrá que apelar a una fuente no científica de conocimiento; la psicología popular o la intuición directa (la mayoría de los dueños de mascotas dicen que “sólo saben” que sus animales sufren). Pero si la intuición directa es admisible como una fuente válida de conocimiento, entonces la afirmación de una persona religiosa que “sólo sabe” que dios existe también debería ser legitima.

El problema con el animalismo actual es su imposibilidad de concebir la otredad del animal, su incapacidad de percibir a los animales como individuos diferentes y apreciarlos por lo que son, independiente de su similitud con los humanos. Los defensores de los animales suelen tildar de “antropocentristas” a quienes  se resisten a reconocer las supuestas similitudes cognitivas entre humanos y otros animales, pero es justamente dicho antropocentrismo lo que no nos permite ver la inteligencia más allá de los comportamientos que — creemos — se asemejan a los nuestros.

La evolución ha producido todo tipo de habilidades, capacidades e inteligencias. Cada especie animal ha evolucionado de una forma tan especializada que la mayoría de sus habilidades no son comparables a las de otras especies. Cada animal tiene su propio patrón de comportamiento y aunque a veces pareciera que hacen algo en base a un pensamiento humano, lo real es que lo hacen según su propio esquema genético de comportamiento o por comportamientos aprendidos. Hay infinidad de estrategias en el mundo animal y ninguna tiene por base sentimientos humanos, sino sus propios comportamientos que tienen por fin tratar de lograr los dos cometidos máximos de la naturaleza, vivir y reproducirse para mantener la especie en el planeta.

¿Cuantos nos hemos sorprendido mirando fijamente a los ojos de una mascota, preguntándonos por los pensamientos que se esconden tras ellos? ¿O discutido sobre quien es mas listo, el perro o el gato? Los científicos han realizado elaborados experimentos, tratando de responder si los animales, del chimpancé a la paloma, pueden contar, comunicarse, razonar o incluso mentir. ¿Y nos dice la ciencia lo que asumimos como cierto? ¿Son los animales como nosotros, solo que no tan inteligentes? Simplemente, no. – S. Budiansky.

Referencias:

[1] Sober, Elliott, “Comparative Psychology Meets Evolutionary Biology: Morgan’s Canon and Cladistic Parsimony”, en DASTON, Lorraine y MITMAN, Gregg (eds.), Thinking with animals. New Perspectives on Anthropomorphism, Columbia University Press, New York, NY, 2005, p. 85.
[2] Serpell, James A., “Anthropomorphism and Anthropomorphic Selection -Beyond the ‘Cute Response’”, Society and Animals, vol. XI, nº 1, March, 2003, p. 83.
[3] Daston, Lorraine, MITMAN, Gregg (eds.), “Introduction. The How and Why of Thinking with Animals”, Thinking with animals. New Perspectives on Anthropomorphism, Columbia University Press, New York, NY, 2005, p. 2.
[4] La humanización del perro. Maria Fernandez Mendez, adiestradora canina https://goo.gl/LsXt1S
[5] Engländer, Wiltraud, “Some reflections by a student of animal behaviour”, EBU Diffusion, Summer, 1997, p. 7.
[6] Engländer, Wiltraud, “Some reflections by a student of animal behaviour”, EBU Diffusion, Summer, 1997, p. 7.
[7] Boswall, Jeffery, “The moral pivots of wildlife film-making”, EBU Diffusion, Summer, 1997, p. 9.
[8] Citado en LEÓN, Bienvenido, El documental de divulgación científica. Estudio de las técnicas empleadas por David Attenborough, tesis doctoral, Pamplona, 1997, p. 200.
[9] Cfr. LEÓN, Bienvenido (coord.), Ciencia para la televisión. El documental científico y sus claves, UOC, Barcelona, 2010.
[10] LEÓN, Bienvenido, El documental de divulgación…, op. cit., p. 209.
[11]  “Animal minds: from computation to evolution,” London, 16–17 enero, y “Theories of minds: the theoretical bases of comparative cognition,” Chicheley, 18–19 enero.
[12] Cultural Variations in Children’s Mirror Self-Recognition. Tanya Broesch , Tara Callaghan, Joseph Henrich, Christine Murphy, and Philippe Rochat1 Journal of Cross-Cultural Psychology 42(6) 1018–1029 © The Author(s) 2011
[13] The Neurobehavioral Nature of Fishes and the Question of Awareness and Pain (Reviews in Fisheries Science, 10(1): 1-38, 2002 http://dx.doi.org/10.1080/20026491051668
[14]  JD Rose, R Arlinghaus, SJ Cooke, BK Diggles, W Sawynok, ED Stevens y CDL Wynne Fish and Fisheries , Doii: 10.1111 / faf.12010
[15] Baars y Laureys 2005;. Overgaard y otros, 2008
[16]Edelman y Tononi, 1999; Iacoboni, 2000; Koch y Crick, 1999; 2000; Libet, 1999
Laureys et al, 1999, 2000a-c;. Mountcastle, 1998
[17]  Koch y Crick, 2000; Lamme y Roelfsema, 2000;. Laureys et al, 2000a, b; Libet, 1997;. Rees et al, 2000
[18] Laureys et al., 1999, 2000a-c; Mountcastle, 1998
[19] Consciousness and Cognition , 14 (2005), 119-139
[20] David B. Edelman, Bernard J. Baars y Anil K. Seth Consciousness and Cognition 14 (2005) 169-187
[21] Consciousness and Cognition , 14 (2005), 119-139
[22] Identifying hallmarks of consciousness in non-mammalian species. Consciousness and Cognition 14 (2005) 169-187
[23] Marian Stamp Dawkins, Profesora de Comportamiento Animal y Mary Snow Fellow en Biological Sciences, Somerville College, Oxford University, escriben un artículo online titulado, Convincing the Unconvinced That Animal Welfare Matters , The Huffington Post , 8 Junio 2012
[24]  “What is it like to be a bee?” , Scientific American Mind, Diciembre 2008/Enero 2009, pp. 18-19
[25] Roberts y Compañía, Colorado, 2004, p. 320
[26] Van Swinderen B. and Greenspan R. 2003. “Salience modulates 20-30 Hz brain activity in Drosophila” , in Nature Neuroscience , Vol. 6, No. 6, pp. 579-586, June 2003
[27] Leahy. Michael P. T. Against Liberation: Putting Animals in Perspective,  p.145-147
[28] Philosophical Transactions de la Royal Society B , 362, 731-744, doi: 10.1098 / rstb.2006.2023
[29] Neurobehavioral Nature of Fishes and the Question of Awareness and Pain (Reviews in Fisheries Science, 10(1): 1-38, 2002 (PDF, Summary and Conclusions, pp. 27-28)
[30] Melzack and Dennis, 1980; Bermond, 1997
[31] Reviews in Fisheries Science , 10(1): 1–38, 2002
[32] Dennett. Daniel C. Animal consciousness: what matters and why. (In the Company of Animals) Social Research, Fall 1995 v62 n3 p691(20)
[33] The Free Press, 1998

Enlaces y otras referencias:

http://science.sciencemag.org/content/335/6072/1036.full?ijkey=UAPNC5a7jR7Zs&keytype=ref&siteid=sci

http://www.bbc.com/news/world-australia-35308161

http://www.dailymail.co.uk/news/article-2436487/Not-clever-Flipper-Experts-say-dolphins-whistling-isnt-really-language-smarter-chickens-WORMS.html

http://www.spiegel.de/international/world/scientists-dolphin-intelligence-may-be-overrated-a-924614.html

http://www.zmescience.com/research/are-dolphins-that-smart-scientist-plays-down-dolphin-genius-myth/

https://www.sciencedaily.com/releases/2012/03/120306072914.htm

http://www.uncommondescent.com/intelligent-design/craig-and-his-critics-why-the-cambridge-declaration-on-consciousness-is-more-propaganda-than-science/

http://www.consciousentities.com/2012/10/the-cambridge-declaration/

David Silva Valerio Autor: David Silva Valerio
Cientificista, acrofóbico, sicario de la CIA, adicto a los analgésicos y fan del Gato Cósmico.
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7 comments

  1. Muy, muy interesante este artícul, pero hay en él alguna afirmación bastante sorprendente como Marian Dawkins “Desde un punto de vista científico, entendemos muy poco acerca de la conciencia animal (y de hecho, sobre nuestra propia conciencia) como para afirmar que ahora ‘sabemos’ que los animales experimentan emociones”

    Einn? Perdón? Obviamente que los animales, los mamíferos en este caso, experimentan emociones. Otra cosa es la interpretación antropocéntrica que hagamos de ellas pero ya directamente dudar de que los animales experimentan emociones es como decir que los nos animales no se mueven porque no caminan como los humanos. No sé si será un error de traducción o una confusión entre “emociones” y “sentimientos”, pero vamos no creo que a nadie con 2 dedos de frente se le ocurra negar que un perro o un chimpancé siente miedo, alegría, rabia, tristeza. Otra cosa que haya mucha gente que los antroporfmiza tanto que los interpretan como si tuvieran sentimientos de pena, culpa, felicidad, venganza, intenciones…

    Lo que no me gusta es como trata el tema de “dolor” y “sufrimiento” creo que hay mucho más que desgranar en un artículo tan prolijo en otro momentos. Es como si el autor se hubiera cansado de escribir. Se pasa muy por encima del tema y lo que se infiere es que los animales sienten dolor pero no sufrimiento. Realmente creen que un tigre metido en una jaula toda su vida o un perro atado con 1 metro de cadena solo siente dolor pero no sufrimiento? El problema de afirmar que “los animales” (supongo que eso incluye desde una girafa hasta un calamar) no sufren, solo sienten dolor es que de ahí se deriva que mientras los tratemos más o menos bien si al final la palman de forma rápida estamos siendo éticamente correctos ya que de acuerdo a la ciencia no los hemos hecho sufrir. De hecho como no sufren daba un poco igual como los tratemos mientras no les infrinjamos mucho dolor. Si se quiere seguir por esta pendiende resbaladiza hagámoslo todos y podemos afirmar y probar que científicamente un nonato, bebé, una persona en coma, una persona com severo retraso por ejemplo puede sentir dolor(o ni eso) pero no sufrimiento por lo que…

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    1. Cuando hablamos de “sufrimiento” nos referimos a un estado provocado o derivado del dolor, el estrés, el miedo o el hambre, y si es un derivado entonces no es lo mismo que el dolor, el estrés, el miedo o el hambre, o sea, es producto de… pero no lo mismo. Entonces ¿qué es? ¿en que consiste este estado? ¿es una emoción, un sentimiento, una elaboración cognitiva? ¿como sufre un animal?

      Si hablamos de “sufrimiento animal” entonces definamos que ES el sufrimiento animal. El dolor es una cosa, el miedo es otra cosa, el estrés y hambre son otras cosas, el sufrimiento se supone que es algo a parte, entonces ¿qué es?

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      1. Bajo mi punto de vista, el problema está en reducir la definición de sufrimiento a una elaboración cognitiva tal y como la haría un humano. Si antropomorfizar a un animal no-humano supone, de facto, privarlo precisamente de su condición de no-humano y transformarlo en algo que no es, reducir el concepto de sufrimiento a una elaboración cognitiva à la humana es igualmente simplista. Los animales no-humanos desarrollan procesos cognitivos distintos a los de los humanos, ciertamente, pero eso no quiere decir que una sensación continua de estar, por ejemplo, privado de libertad, pasando hambre, sometido a dolor – constante o esporádico – en cierto tipo de experimentos, o en un entorno desconocido, por mencionar sólo algunos casos, no pueda considerarse sufrimiento.

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  2. Buen artículo, creo que en el fondo, todo es un problema de semántica: mientras no se pueda dar una definición y tener una comprensión efectiva de qué es la conciencia no podemos atribuírsela a ningún otro ser vivo y quizá valga más la pena reflexionar sobre por qué tenemos la necesidad de antropomorfisar no solo a los animales sino al Universo entero

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  3. En realidad, aunque en muchas cosas pueden estar equivocados los animalistas, y sí que es verdad que muchos comportamientos animales son malinterpretados. No encuentro nada de peligros en eso.

    Peligrosas las personas que piensan que un animal siente dolor y no sufre. ¿Acaso el dolor debe ser racionalizado para convertirse en sufrimiento?

    Es decir, a ti te daría igual tomar a un perro y cortarle una pata, y a pesar de sus evidentes sonidos agónicos, pensarías “No está sufriendo, solo experimenta dolor”.

    Mucho más peligroso que antropomorfizar a los animales, es creer que todo lo experimentado por los humanos es propiamente humano. ¿En dónde partimos esa línea? ¿En qué momento el humano empezó a ser humano?

    Ni siquiera nos vayamos muy lejos, un recién nacido, un humano recién nacido tiene menos capacidad de raciocinio que un perro adulto (El perro responde a su nombre, o da señales de querer salir a orinar. El recién nacido no). Si tú tomas un bisturí y le arrancas la piel a ese recién nacido, evidentemente sufre. Sus agónicos llantos lo delatarían inmediatamente. ¿Qué estudio científico se requiere para descubrir esto?, ¿A partir de qué edad ese niño dice “hora de sufrir, ya sé lo que me están haciendo”?

    Que la capacidad de razonar aumente el sufrimiento, lógico, porque no solo sufres por el dolor en sí, sino por ser consciente de las consecuencias de lo que eso significa.

    Pero decir que el dolor como tal no genera sufrimiento en absoluto, es realmente peligroso. A pesar de ser inteligentes, es propio de asesinos en serie no sentir ninguna empatía por otro ser, humano o animal. Incluso algunos piensan que las víctimas lo están disfrutando tanto como ellos.

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  4. Interesante tu animorfismo humano. Todavia no se demuestra que lenguaje nos permita relacionarnos mejor. Como especie aun no damos la talla:Inequidad, calentamiento global, hambre. El positivismo cientificista es mucho mas infantil y obtuso que el pensamiento mágico que te recomiendo para liberarte del sicariato mental.

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